NO ME GUSTAN LAS MENTIRAS

Acabo de leer una reflexión que me apropio para empezar.

“Que el dolor, la incertidumbre, el miedo y la conciencia de nuestros propios límites, que ha traído la pandemia, nos lleve a repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el significado de nuestra existencia”.

La verdad es molesta. Somos limitados. En nuestra vida, la vida humana, el dolor es una realidad. Querer vivir de espaldas a él es no vivir en la realidad y así nos va. Estoy muy cansada de tanta mentira. Nos estamos volviendo tarumbas. Es brutal el descaro de la mentira. Es brutal el descaro de hoy digo “a” y mañana cambio según mis intereses y yo pregunto ¿ Y los demás?….Y responden…¿Qué “demás”?¿Existen los demás?….Vaya ironía.

Estoy muy cansada de ver que nuestros “líderes”, (la mayoría falsos líderes), nos mienten porque no soportan aceptar su finitud. Quieren ser como dioses. Mandan sobre quién ha de vivir y quien no; como se ha de educar; quién sirve y quién se deshecha. Manipulan ideológicamente a las masas (nosotros) porque ya se han preocupado de dar poca educación y formación para que seamos fácilmente manejables.

Hacer ignorantes para luego servirse de esa ignorancia para sembrar confusión y manipular. ¡Qué no! ¡Qué me niego!

Quiero hijos bien formados. Cabezas amuebladas. Conciencia sin miedo. Libres, pero no libertinos. Libres para intentar formarse y no dejarse manipular. Hijos que sepan pensar por sí mismos. Que sepan dar su vida por los demás y salir de su zona de confort. Hijos que se fundamenten en los valores básicos de la vida: familia, vida, derechos y deberes, esfuerzo, honradez…

Hijos que sepan que cuánto más capaces sean más libres serán, pero siempre con la responsabilidad de asumir las consecuencias de sus actos. Hijos que no se dejan pisar, pero que no pisan para escalar en puestos. Hijos que anteponen sus valores al éxito fácil o al dinero como dios.

Hijos que no sean esclavos de sexo, las drogas, el exceso de bienestar…hijos capaces de salir y querer cambiar el mundo, empezando por ellos mismos, sin juzgar pero con las ideas claras. Empatizar no es bendecir todo lo que los demás hacen. Te puedo “comprender” pero no comparto tu actitud. Seguimos siendo amigos.

Hijos con cintura de misericordia para poner el cariño por encima de su yo, capaces de perdonar de corazón aunque cueste y duela.

Hijos que miren al cielo y tengan una visión “distinta” de la vida. Aquí estamos de paso.

Hijos con los que ser feliz después de la muerte.

La verdad de frente, aunque duela, aunque cueste. Sólo la verdad nos hace libres y felices.

Descartemos la mentira de cuajo y a los que nos quieren engañar con malicia. El tema es que sepamos ver la diferencia.

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