CENIZOS FUERA

Una persona que se dejara llevar habitualmente de la tristeza y del pesimismo, que no luchara por salir de ese estado enseguida, sería un lastre, un pequeño cáncer para los demás. La alegría enriquece a los otros.

Ante la dificultad, calma. Serenidad: paz en la adversidad.

Ahora más de la mitad de las conversaciones tienden a pesimistas por la incertidumbre del momento. Pero no removamos el puchero. Miremos al horizonte. Y si no lo vemos, busquemos a alguien cercano que nos ayude a encontrarlo. Optimismo.

También nos podemos dejar llevar por el mal humor que provoca está inestabilidad. Busquemos oasis de conversaciones agradables, detalles en la convivencia, hacer descansar al de al lado, leer un buen libro, retomar alegres juegos de mesa de piques y risas, una buena película o serie, comentarla.

Y si nos damos cuenta de que “estamos de bajón” busquemos a alguien que nos tienda una mano. Pedir ayuda es propio de los fuertes. Los débiles se quedan en el suelo. El fuerte quiere seguir y pide ayuda para levantarse.

Saber convivir exige respetar a las personas. Mirarlas a los ojos. Sonreír, aún detrás de la mascarilla se te verán los oyuelos. Saber que quieren decir con ese lenguaje no verbal que hemos de intentar comprender para acompañar.

Respetar es ver lo bueno que hay en el otro para elevarlo.

No ser cenizo. Cansa, y más en estos momentos covid: compartamos, disfrutemos de lo que tenemos y no nos quejemos de lo que nos falta. Otros están peor. No nos dejemos llevar por el pesimismo que nos lleva al enojo y a la queja. Abramos la ventana al optimismo realista que nos hace mirar con otros ojos el hoy.