EL SUSURRO DEL EGOÍSMO.


La compasión «no es un sentimiento de pena», que se experimenta, por ejemplo, cuando se ve a alguien pidiendo por la calle: «pobrecito, sentimos un poco de pena»; es «involucrarse en el problema de los demás, es jugarse la vida allí por el otro».

La actitud egoísta «busca una solución, pero sin compromiso», que “no nos ensucie las manos” como diciendo, que esta gente se las arregle.

Y esa gente puede ser mi hermano, mi cuñada, mis padres, un amigo….no sólo los que no conocemos. El egoísta no sabe amar y tampoco sabe amar a los que tiene cerca porque cree que amar es un trueque aunque sea de sentimientos: que a gusto estoy contigo y el día que deje de estarlo….Perdona te equivocas. Amar no es un sentimiento. Es un acto de la voluntad pero no sólo es eso. Es querer querer. Con corazón.

El egoísta mira, no solo hacia otro lado, sino hacia su sombra. El es el centro del universo. Pobre infeliz.

Todos tenemos actitudes egoístas, somos humanos y la tendencia está. El que lucha por ser feliz sabe que ha de salir de si mismo y mirar más allá de su sombra, que siempre nos obliga a tener la mirada hacia abajo.

El generoso mira al horizonte y va con actitud disponible y mirando a ver las necesidades de los demás. Nadie le es indiferente. En actitud de escucha. Capacidad de parar y atender. ( es un decir….capacidad de una llamada, de un café…..). Siempre hay un tiempo para los demás, empezando por los de mi casa. Siempre ese orden. Es importante. Quien no ama a su familia no sabe amar.