PERDONARNOS A NOSOTROS MISMOS.

El perdón es parte del amor. Quién perdona sabe amar. Quién se “enquista” con el rencor tiene el corazón encogido y no ha aprendido a amar todavía. El rencor pudre el alma e incapacita para AMAR DE VERDAD. Te quedas en el plano de la “infelicidad” permanente aunque no lo sepas. Tu corazón pierde fuelle.

Perdonar no es fácil. Es un acto de AMOR de gran envergadura, sobre todo, cuando el dolor es real y no es el espejismo del egoísmo o de la soberbia.

Puedes perdonar si amas, pero las cicatrices existen. Perdonas de verdad cuando puedes pensar en tu dolor (pasado o presente) sin rencor, sin amarguras, con disculpas.

A veces, cuando pensamos en el perdón y en nuestra incapacidad, es porque nos duelen cosas de “ordinaria administración” a las que damos una importancia supina fruto de nuestro orgullo. Inventamos heridas y ofensas.

Yo hablo del perdón de verdad. Del dolor de verdad. De la falta de lealtad. De la mentira. De esas ofensas que van a la esencia de nuestro corazón. Todo es perdonable con amor: pero hay que “trabajarlo”. Como la capacidad de perdonar es un DON, no todo el mundo tiene ese Don ni sabe amar al mismo nivel.

¿CÓMO EMPEZAR?

Lo que está claro es que cuando uno no se perdona a sí mismo primero, se incapacita para perdonar al otro. Nos enrroscamos en nuestro amor propio herido y no vemos más allá. Y al no superar ese escalón no comprendemos la debilidad del otro, porque no reconocemos la nuestra. Nos “enfada” nuestra limitación.

¿Tienes alguna “bola” que perdonarte? Empieza por ahí. Yo te recomiendo ….reza y pide ese don. Compréndete, discúlpate y pide perdón si has ofendido a alguien. Libérate de esa carga que te esclaviza y tan contenta/o. Has empezado entonces a comprender al otro y serás también capaz de perdonarlo. Te liberarás de una carga absurda que te lleva tirando “hacia abajo” durante años y NO TE HA DEJADO NI TE DEJA SER FELIZ.

El perdón empieza por perdonarnos a nosotros porque sino caemos en la “función espejo” de ver en los otros lo nuestro y no perdonar a los demás, cuando en realidad no nos perdonamos a nosotros mismos.

Dale una vuelta para deshacer los nudos y empezar a liberarte de pesos y esclavitudes, que quizá no sabías ni que tenías. Notarás que el corazón se dilata y que miras con una mirada nueva.

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